A vueltas con la fusión atómica


A principios de año un par de investigadores italianos dieron una rueda de prensa para decir al mundo que han conseguido crear una máquina de fusión fría. Son muchos los escépticos que recelan de la credibilidad de los científicos y su invento, y no les faltan razones: los inestigadores afirman no conocer el principio que hace que su máquina genere más energía de la que se le suministra, lo cual les ha obligado a presentar su invento a través de medios convencionales y no científicos, esto es, una conferencia de prensa; además, ambos científicos fueron incapaces de publicar el trabajo sobre su reactor en ninguna revista revisada por pares, por lo que fundaron su propia revista online llamada Journal of Nuclear Physics. Se defienden argumentando que han tenido que hacerlo así porque no cuentan con una teoría que respalde a los hechos. Más cosas: amparados en la protección de su patente de comercialización, ambos científicos omiten cualquier descripción cuantitativa sobre los radio-isótopos generados en el proceso, los detectores empleados para descubrirlos, ni dan ninguna indicación para que el experimento pueda ser replicado por investigadores independientes. La propia patente de su ingenio ha sido parcialmente rechazada precisamente por ser contraria a las leyes de la física y a las teorías científicas generalmente aceptadas. Sin embargo, se defienden diciendo que ya que no pueden convencer a la comunidad científica, convencerán con hechos al mercado. En su opinión, si la tecnología es válida, operativa y vendible, a nadie le importará las teorías, hipótesis o conjeturas en que se base el desarrollo. Esto lo veremos en todo caso a finales de año, fecha para la que anunciaron que estarán listas las primeras máquinas que saldrán al mercado.

Cuando hablamos de fusión fría no queremos decir que se consiga fusionar átomos a baja temperatura, sino que lo que se intenta es conseguir la fusión de dos átomos a temperatura ambiente, es decir: conseguir hacer lo que hace el Sol pero sin tener que recurrir a las altísimas temperaturas que produce. Quizás la fusión de los átomos a temperatura ambiente sea imposible, tal y como dice la física estandard, pero puede que podamos hacer algo parecido a lo que hace el Sol aquí, en el planeta Tierra.

La energía de fusión tiene una propuesta impecable. Plantea imitar a las estrellas para obtener una fuente de energía inagotable, segura y limpia, una promesa de futuro para el mundo. De la misma forma que el Sol consigue mantenerse, se trata de unir partículas en vez de dividirlas, que es lo que hace la energía nuclear. El planteamiento es hermoso, pero su puesta en práctica complicada, muy ardua y, de momento, exageradamente cara. La esperanza en el desarrollo de este tipo de energía (hasta que un gigantesco laboratorio llamado ITER (Reactor Termonuclear Experimental Internacional) se construya en Francia a mediados de la década de 2020) reside en el JET ( Joint European Torus), la máquina más grande del mundo para la fusión por confinamiento magnético, ubicada en Culhman (Inglaterra). Esta maravilla de la Física ha comenzado su primera serie de experimentos después de 22 meses en los que ha permanecido inactiva para mejorar su potencia e instalaciones.

Se trata de investigar la capacidad de la fusión para generar una energía segura, limpia, sin gases de efecto invernadero y prácticamente sin límites para las generaciones futuras. En realidad, la energía de fusión es el intento de imitar el proceso de liberación de energía que se produce cuando los núcleos atómicos ligeros se fusionan para formar átomos más pesados. Este proceso ocurre en las estrellas, y los físicos esperan que pueda ser reproducido en las plantas de energía de fusión en la Tierra. En un reactor de fusión, los núcleos de isótopos de hidrógeno, deuterio y tritio se fusionan para producir helio y neutrones a alta energía, pero hace falta que la temperatura ronde los 150 millones de grados, un proceso muy difícil de conseguir en el que intervienen campos magnéticos. El JET es la única instalación capaz de operar con una mezcla de deuterio y tritio, el combustible que se utilizará en el proyecto ITER.

En el año 97, el JET obtuvo 16 MW, suficiente para proporcionar energía a una localidad pequeña de 16.000 habitantes, aunque por poco tiempo. Ahora, el desafío es conseguir que sea energía sea más abundante y asequible. Europa gastará 6.000 millones de euros en el proyecto ITER, pero los expertos creen que, con suerte y si es que realmente funciona, la fusión no será masiva ni llegará a los hogares hasta la segunda mitad de este siglo, cuando existan cien reactores. Para algunos (para cualquiera que se preocupe seriamente por cuestiones de energía), ésta es una fórmula que merece mucho la pena intentar para evitar un panorama energético inquietante en el que las centrales nucleares parecen inevitables y el carbón y el petróleo apenas durarán otros 200 años.

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