Arena para purificar el agua


La arena se ha utilizado para purificar el agua desde hace más de 6.000 años, un método que en sociedades donde el agua embotellada se paga a precio de oro puede parecer algo rudimentario, pero que ha sido respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ahora, investigadores de la Universidad de Rice en Houston (EE.UU.) han logrado crear una especie de «superarena» que puede hacer esta misma función de una forma mucho más eficaz.

Este nuevo material podría ser «una bendición económica» para los países en desarrollo, donde más de mil millones de personas carecen de agua potable y se ven obligadas a beber agua contaminada cada día. Los investigadores de la Universidad de Rice utilizaron un nanomaterial llamado óxido de grafito para mejorar la filtración de la arena de una manera barata y eficaz. Con esta idea, cubrieron los granos de arena con el óxido de grafito, creando una «superarena» que elimina con éxito el mercurio y las moléculas colorantes del agua. En un test para analizar el nivel de mercurio, la arena corriente se saturaba tras diez minutos de filtración, mientras que la «superarena» era capaz de absorber el metal pesado durante más de 50 minutos. Los investigadores, además, continúan investigando para mejorar la eficacia de su ingenio, de forma que pueda eliminar aún más contaminantes.

En otro orden de cosas, pero al hilo de la noticia (en cuanto a una muestra más de las posibilidades de la ciencia para liberar al ser humano de sus penurias), se me viene a la mente alguna de las protestas más comunes que suelen hacerme cuando hablo con la gente de la necesidad de invertir más dinero en investigación. Me suelen decir que antes que gastar millones en lanzaderas espaciales, en satélites o sondas que enviar a Neptuno, o antes incluso que estar manteniendo a un grupo de investigadores en el polo Sur, hay mayores necesidades en las que gastar el dinero (haciendo referencia particularmente al hambre que sufren millones de personas en el mundo). A esto yo no dejo de responder una y otra vez que, en el siglo XX, la técnica y la ciencia han demostrado la posibilidad real y efectiva de poner fin a eso, y que tan sólo deja de hacerse por falta de voluntad política. Es un problema de política, de falta de voluntad política, y del sistema de registro y privatización de patentes que tan sólo busca el beneficio económico de la investigación y el conocimiento. Acabar con el hambre, la sed y el sufrimiento no es una imposibilidad técnica ni científica, no es un estado de cosas superior a nuestras fuerzas. No existen pobres sino empobrecidos. Nadie es de por sí pobre ni rico, sino empobrecidos y enriquecidos por el sistema político-económico impuesto desde la fuerza, la violencia y el engaño.

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