El protocolo METI, otra forma de intentar contactar


La humanidad ha desarrollado varios programas destinados a contactar con posibles inteligencias extraterrestres. Quizás los proyectos más famosos sean los discos de oro que viajan a bordo de las sondas Voyager, conocidos como ”Sound of Earth” o “Sonidos de la Tierra”, discos de gramófono en los que se incluyen algunas decenas de sonidos y más de imágenes características de nuestro planeta; y las emisiones de mensajes de radio a través del radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico, desde 1974. Se trata de proyectos que han sido diseñados por científicos brillantes, pero algunos de sus colegas creen que pueden ser demasiado complejos y crípticos como para que extraterrestres que los reciban puedan comprender el mensaje. ¿Alguien puede imaginarse a ET -que quizás ni siquiera tenga algo parecido al sentido del oído- construyendo un gramófono para reproducir y luego interpretar el canto de una ballena terrestre? De esas dificultadas estamos hablando.

Los astrofísicos encargados de analizar las posibles señales extraterrestres y de diseñar los mensajes que la humanidad envía al espacio han llegado a la conclusión de que necesitamos elaborar mejores protocolos para contactar con alguien más allá de la Tierra. El protocolo METI (Messaging to Extraterrestrial Intelligence) podría ser la solución a este problema. Se trata de un protocolo más simple y comprensible, que pueda ser utilizado como base para el intercambio de mensajes con posibles civilizaciones extraterrestres. El protocolo tiene en cuenta diversos factores, como la forma en que se codifica la señal que contiene el mensaje, la longitud del mismo, y lo más importante: su contenido.

METI contempla utilizar longitudes de onda específicas para la transmisión: 1,42 GHz y 4,46 GHz, que se encuentran habitualmente en las emisiones electromagnéticas naturales -la primera, por ejemplo, corresponde a la frecuencia natural de resonancia del hidrógeno- y resultarían más simples de captar por razas extraterrestres que sólo dispongan de una “modesta capacidad técnica”. Por otro lado, también deben modificarse los enfoques actuales para que contemplen la búsqueda de máquinas inteligentes. Si la tecnología de ET se parece a la nuestra, en algún punto de su desarrollo construirán máquinas lo suficientemente avanzadas como para que puedan evolucionar por sí mismas, posiblemente sobreviviendo a la especie que las creó. Esas máquinas podrían estar allí afuera, y -luego de discutir la conveniencia de ser detectadas por ellas, según nos advierte Stephen Hawking- necesitamos un protocolo adecuado para entendernos con una inteligencia artificial.

Pero el principal punto a pensar es el mensaje en sí. Algunos científicos critican que los mandados hasta ahora son excesivamente antropocéntricos: difícilmente una criatura de nueve extremidades que viva en el sistema Gliese podría entender los matices humanos que poseen las imágenes terrestres. Aún teniendo la habilidad técnica y la pericia necesaria para decodificar e interpretar una colección de bits como una imagen, difícilmente puedan captar el mensaje que posee una fotografía que muestra un lobo y un cordero que pretende representar el bien y el mal, por ejemplo. La idea de los impulsores del protocolo METI es que “Sabemos muy poco sobre la naturaleza de las civilizaciones extraterrestres. Si existen, es probable que podamos incrementar la probabilidad de comunicarnos correctamente con ellos si utilizamos un mensaje que el destinatario pueda entender”, dicen los autores del trabajo. Para ello proponen realizar una prueba a nivel mundial del nuevo protocolo METI, para determinar si todas las culturas de la Tierra pueden entenderlo. La idea no es mala, ya que si nosotros mismos tenemos dificultades para entender lo que estamos diciendo, difícilmente alguien de otro planeta pueda comprender y responder el mensaje. “Un mensaje efectivo dirigido a los extraterrestres debería -como mínimo- ser comprensible para todos los humanos. Utilizar el protocolo METI en pruebas locales nos permitirá mejorar y desarrollar el potencial de nuestros mensajes,” agregan.

No hay que desfallecer en el intento por contactar con otras civilizaciones extraterrestres. Algunos dicen que llevamos intentandolo desde los años 70 y que no hay resultados, como si eso fuera una prueba de que no hay nadie ahí fuera. Pero afirmar eso es igual que si metiéramos un vaso en el océano y, al comprobar que no hay peces, dijéramos que el oceáno no está habitado. El Universo es un océano inconcebiblemente grande y hay muchas maneras de pescar. El protocolo METI es una nueva, quizás con él encotremos algo.

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